martes, 9 de mayo de 2017

LA MUERTE DE DIOS, ULTIMA PARTE


I PARTE

Esta última etapa de la historia del hombre sorprende a los hijos de YHVH con grandes dificultades y grandes desafíos que afrontar, con la destrucción de los valores morales instituidos en la Ley de Dios, es poco lo que se puede hacer, emprender una lucha frente a una sociedad que se siente libre de aquellas ataduras a esta altura de la historia parece resultar estéril, de acuerdo a lo que hemos analizado a través de estos estudios, ha triunfado el nihilismo pasivo, pues la humanidad no ha sido capaz de construir una sociedad más virtuosa, y como consecuencia de ello el hombre ha entrado en un estado de vacío frente a su propia existencia, a un estado de desesperanza frente a las incertidumbres que le plantea esta sociedad contemporánea. La sociedad que ha derivado de la infinidad de conflictos en los que el hombre se ha sumergido ha significado el fracaso de su propio gobierno, el hombre rechazó a Dios y decidió gobernarse a sí mismo desechando la guía de su creador, y en ese camino ha probado todos los sistemas posibles y ha fracasado en todos ellos, hoy el discurso dominante nos quiere hacer creer que hemos alcanzado la cúspide de nuestra civilización, que hemos llegado al zenit de ella, que en toda la historia del hombre nunca había alcanzado tal nivel de sofisticación y adelantos en todas las áreas del saber, económico, tecnológico, político, social, pero una muy maquillada sociedad se enfrenta hoy a su propia debacle y a una decadencia que ya no tiene freno, el hombre ha experimentado la muerte en medio de las ciudades que ha construido, en medio de las estructuras en las cuales se ha sumergido, donde hoy el hombre es tan solo parte de una estadística y sus propias problemáticas tienen nula relevancia. Como lo explicamos en los capítulos precedentes, si Dios ha Muerto, la consecuencia de ello es la muerte del propio hombre, esa muerte del hombre contemporáneo ha quedado muy bien personificada en las series televisivas actuales donde se le representa a los seres humanos como zombies en medio de una sociedad que se destruye, es verdad ¡El hombre ha muerto! Y quizás aún no se ha enterado de ello, ¿Pero todos los hombres han muerto?, y es aquí donde se puede plantear la pregunta, sobre ¿Qué ocurre con el pueblo de YHVH? La muerte de los hombres es un hecho concreto pero a pesar de ello aún queda esperanza, en el Evangelio de Juan encontramos un hermoso pasaje donde nos relata la parábola del buen pastor:

“De cierto, de cierto les digo que el que no entra al redil de las ovejas por la puerta sino que sube por otra parte, ese es ladrón y asaltante. Pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. A él le abre el portero, y las ovejas oyen su voz. A sus ovejas las llama por nombre y las conduce afuera. Y cuando saca fuera a todas las suyas va delante de ellas; y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. Pero al extraño jamás seguirán; mas bien, huirán de él porque no conocen la voz de los extraños”.

Jesús les dijo esta figura, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. Entonces Jesús les habló de nuevo: “De cierto, de cierto les digo que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí eran ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los oyeron. Yo soy la puerta. Si alguien entra por mí será salvo; entrará, saldrá y hallará pastos. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor pone su vida por las ovejas”. (Juan 10:1-11)





La idea que el hombre ha muerto, no es una idea exclusiva de este tiempo, las escrituras por cierto dan cuenta de ello (Génesis 2:17), el hombre murió al separarse de su creador, en nuestra serie “Las raíces de nuestra fe” ya explicamos como el pueblo de YHVH murió al no seguir su Ley y apartarse de sus caminos siendo su castigo la muerte, pero al profeta Ezequiel se le dio la visión de cómo a ese pueblo que había muerto se le volvería a dar vida (Ezequiel 37:1-14), el Señor resucitaría a su hijo amado Israel, quienes se habían transformado tan sólo en un sinfín de huesos secos; a estos, YHVH les había dicho a través del profeta Oseas que por sus transgresiones no serían más su pueblo, pero que sin embargo en el mismo lugar donde les fue dicho aquello, vosotros no sois mi pueblo, les será dicho, pueblo mío y ellos dirán al Señor, mi Dios (Oseas 1:10). Es el Mesías, en cumplimiento a lo señalado por YHVH, quien ha venido para poner su vida por las ovejas, y para que tenga vida, como lo señala el Evangelio de Juan, y para que la tenga en abundancia. Es verdad que en estos tiempos nos enfrentamos a los mayores engaños que el hombre ha debido enfrentar en toda la historia, pero es necesario comenzar a abrir los ojos, que aquellos que aun duermen, despierten y puedan ver aquel engaño al que son sometidos, el Señor nos advierte sobre la condición de la congregación al final de los tiempos, envanecida en recursos y deseos materiales, envanecidos en la conquista de las cosas, por sobre lo trascendente, en apariencias y mentiras, y lo que es peor absolutamente segada frente a una realidad que esta frente a ella, a esta congregación se le señala en el mensaje a Laodicea:

“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas”. (Apocalipsis 3:18).

Esto lo señala el Señor debido a que la congregación posee una condición espiritual lamentable, en el versículo anterior las palabras son muy duras señalando:

Porque tú dices: yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. (Apocalipsis 3:17)

Aquellas palabras no deben pasarse por alto, el mayor peligro de estos tiempos está en las propias iglesias donde se congregan los creyentes, esas han abandonado la palabra de YHVH para seguir ideologías de hombres que justifican un sistema económico hegemónico, y que en estos tiempos ha venido a dar sentido a nuestra existencia, y donde se es capaz de abandonar todos los valores, para validar otros que el mundo desea. Lamentablemente, y como lo hemos expuesto anteriormente, el protestantismo no es más la justificación religiosa y la imposición de aquel sistema que aparentemente ha triunfado en el mundo, y que es este capitalismo que está consumiéndolo todo, que nos enceguece, que nos muestra una falsa realidad, y cuya doctrina sale desde los púlpitos de falsos pastores engañando a millones de incautos que terminan con sus vidas destruidas, “compra de mí oro refinado en fuego dice el Señor, para que seas rico”, para que de verdad seas rico, y no pongas tu corazón en falsas riquezas, riquezas terrenales que corrompen el alma, pero que es la riqueza con la que sueña este mundo corrupto, y de la que la iglesia contemporánea se hace parte, por lo tanto unge tus ojos con colirio, para que puedas ver. A este sistema que ha inundado cada aspecto de nuestra vida le queda poco tiempo, el juicio de YHVH ya está sobre ella, recordemos la imagen de un relato muy conocido que lo encontramos en el capítulo 19 del libro de Génesis, en él se describe la destrucción de dos ciudades, Sodoma y Gomorra. El sobrino de Abraham, Lot, se había instalado en ella después de separarse de su tío, se situó en la ribera del río Jordán y poco a poco se fue acercando hacia Sodoma hasta habitar finalmente en ella. Sodoma debió haber sido una ciudad muy atractiva, con mucho comercio y actividades de diversos tipos, pero como señala la escritura llena de pecado, no muy distinta por cierto de las grandes ciudades de hoy en día, a los ojos de sus habitantes debió ser una gran ciudad, incluso los hijos de Dios habitaron en ella atraídos, posiblemente, por todas las oportunidades y riquezas que ella podía ofrecer, lo cierto es que YHVH determinó destruirla, graficando con ello la destrucción de todo una sociedad y todo un estilo y sistema de vida, aunque antes de su destrucción sacó de ella a un hombre justo y a su familia, para que no sea haga parte de sus pecados y de su destrucción.



Esta misma imagen vemos que está escrita en un futuro cercano para la gran ciudad que es el ícono contemporáneo de modelo de esta sociedad consumista y capitalista que gobierna el mundo en la actualidad, y que será motivo de otro estudio que publicaremos próximamente, las escrituras señalan:

“Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades”. (Apocalipsis 18:3-5)

Muchos protestantes citan este pasaje para referirse a la Iglesia Católica señalando que deben salir de ella, ya veremos que esa idea es falsa, lo cierto es que el pueblo de YHVH está cegado aún por las riquezas y supuestas bendiciones de un sistema que los lleva directo a la perdición, el llamado es que unjan sus ojos con colirio para que puedan ver, y salgan de un sistema que hasta aquí los mantiene cegados. Estos tiempos que nos ha correspondido vivir son en extremo peligrosos, y el desafío que tenemos todos los hijos de YHVH es de una máxima complejidad, no es un tiempo fácil para quienes decidan seguir a YHVH y a su Mesías, muy lejos de la prosperidad que prometen las falsas congregaciones protestantes, que como señalamos no son más que representantes de una doctrina económica y social dominante, los creyentes deberán enfrentarse a una sociedad que no comulga con la Ley de Dios, muy pronto quedara prohibida, explícita o implícitamente, toda manifestación de aquellos valores que YHVH ha dejado por escrito, pues estos “viejos” valores se estrellan frontalmente con una sociedad que ha decidido tomar un camino radicalmente distinto del que YHVH nos ha señalado por todos los motivos que se dieron en los capítulos anteriores, aquel pueblo de YHVH muy pronto quedara al margen de la ley de los hombre la que está en absoluta oposición a la Ley de Dios.

La muerte de Dios, cuya idea y consecuencias se explicaron a través de estos estudios, derivó a su vez en la muerte de los hombres, este concepto nos abre los ojos para comprender las características de nuestra sociedad, y también de las expectativas que tenemos frente a ella, si los hombres han muerto, los hijos de YHVH tiene las esperanzas intactas, pues la esperanza está en su propia palabra y como lo señala la profecía de Ezequiel 37 y de Oseas 1, el pueblo de YHVH comenzará a ser resucitado, las escrituras nos señalan también sobre aquellos hombres que están muertos, la diferencia está en que aquel que es pueblo de Dios será resucitado, ese Israel que continúa perdido en el mundo, siguiendo doctrinas extrañas, comiendo junto a los cerdos, esta pronto a tomar conciencia de su situación, esta pronto a despertar y darse cuenta que en la casa de su padre no pasará necesidades y decidirá volver a Él, y el padre al verlo desde lejos saldrá a su encuentro y lo recibirá con un abrazo, y dirá, mi hijo que estaba muerto, ha resucitado.

Concluimos aquí un estudio que nos ha llevado por las implicancias de la decisión de los hombres de matar a Dios, una decisión que se ha replicado en otros momentos de nuestra historia, y que siempre ha conducido por el mismo camino, no es malo el conocimiento, muy por el contrario, es algo que desde este propio sitio propiciamos, el problema del hombre es que al acceder a cierto nivel de conocimiento, lejos de reconocer sus limitaciones, se eleva hacia categorías incluso por sobre su creador, y en esa posición ha tomado fatales decisiones como la de desecharlo y matarlo porque los hombres han estimado que no necesitan de Él, pensando en que por sus propios medios pueden construir una sociedad que exalte al hombre como la máxima expresión de la creación, olvidándonos que tan sólo somos parte de la creación, una creación especial, es verdad, pero que nunca estaremos al nivel de nuestro creador para darnos un lugar que no nos corresponde.

Ante todas las problemáticas con las que nos desafía este mundo contemporáneo, y que insisto, están muy lejos de las fantasías que predican las iglesias actuales, tenemos la esperanza que nos regaló Yeshua el Mesias, ante la muerte del hombre producto del sistema que ha engendrado, él nos viene a dar vida, como lo señala el Evangelio de Juan “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”

“El principio de la sabiduría es el temor de YHVH; Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos”. (Salmo 111:10)

Que la bendición de YHVH esté sobre ti.

Gabriel Elías



miércoles, 19 de abril de 2017

¡DIOS HA MUERTO! ¿ HA MUERTO DIOS?, TERCERA PARTE


I PARTE
II PARTE
IV PARTE

Aquella imagen del Mesías colgado de una cruz, se nos presenta como una imagen perfecta de la eterna rebeldía del ser humano hacia su creador. El Mesías, en quien habita la plenitud de la divinidad (Colosenses 2:9), murió bajo las manos de los hombres, y aun cuando este acontecimiento estaba determinado desde el principio de los tiempos, y su acto físico se llevó a cabo en un momento determinado de la historia, la acción y el pensamiento acerca de su muerte no sería exclusiva de este momento histórico, aquella escena que tan bien conocemos, por las imágenes, los relatos y las películas que sobre todo en semana santa vemos abundantemente, no sería la primera vez en el imaginario del ser humano. En el principio, en el relato del Génesis, en su capítulo 3, se nos describe la separación del hombre con su creador, es el hombre quien decide dejar la protección de su creador, rechazar esa luz que les alimentaba para tomar de otra fuente, de la fuente del conocimiento que le llevaría por un camino distinto, muy distinto del camino que originalmente debió caminar el hombre, a partir de entonces las escrituras nos describen como el hombre en aquellos caminos que había elegido, llenaría la tierra de violencia, de corrupción y de sufrimientos, tanto que a YHVH le pesa en su corazón haber creado al hombre (Génesis 6:6). Muchas eras después, se repite la historia, ya en nuestra época el hombre nuevamente elige beber de la misma fuente que en la antigüedad, el humanismo y  el racionalismo al que el hombre había accedido llenó de orgullo al hombre para alejarse una vez de su creador, y en su autosuficiencia y en su vanidad, el hombre va a matar a Dios. Es esto lo que hemos estado analizando en estos estudios, las consecuencias que la muerte de Dios ha significado para el hombre, situación que pasamos a analizar a partir de este momento en su tercera y última parte.

“Si ha muerto Dios, ahora muere el hombre” va a señalar Michael Foucault, en su libro de 1966 “Las palabras y las cosas”, respecto de aquel sujeto que domina todo el conocimiento y que se había adueñado de su realidad inmediata, Foucault va a señala lo contrario de la sentencia de Nietzsche, ahora es el hombre quien ha muerto, Foucault lo saca de esa centralidad que a partir de Descartes el hombre se había ubicado, “El sujeto no está en el centro ni domina la realidad” va a señalar Foucault, pues el hombre del siglo XXI, el hombre posterior a la muerte de Dios que había proclamado Nietzsche a través del profeta Zaratustra, se ha olvidado del ser, se ha olvidado de su yo, y se ha entregado a la conquista de los entes, a la conquista de los objetos, como lo ha mencionado el gran filósofo alemán Martin Heidegger, si bien la frase de Foucault tiene relación con el estructuralismo, y la relación del hombre con una estructura, como un sujeto, “sujetado” a una estructura de poder y el hombre inserto dentro de ella, esta es una característica del hombre, pero que se ve acentuada en este hombre posterior a la muerte de Dios, frente a ella el hombre solo va a ser parte de una estructura, social, cultural, filosófica, y se va a perder en aquella estructura, es decir, aquella centralidad en la que se había colocado el hombre a partir de Descartes y Kant, con Heidegger y Foucault, se va a perder ahora, es la estructura la que está en el centro y el hombre perdido o escondido en ella, y al perderse en ella el hombre se ha olvidado de su ser.



En esta dinámica, el hombre al olvidarse de su ser, y al extraviarse en medio de las estructuras, ha quedado en la orfandad, con el derrumbe de los valores modernos, la vida del hombre contemporáneo experimenta la carencia de sentido, a lo que se le agrega un dolor constante. La vida es dolor continuo, como lo va a señalar Arthur Schopenhauer, “la voluntad tiene que tomar decisiones duras; nadie querría seguir viviendo si la voluntad no forzara a la razón a ocultar esa crueldad” 1 
De esta manera la razón actúa como un consolador, como un narcótico, como un medio de aliviar el dolor de la existencia.2 
La voluntad de poder de las que nos habló Nietzsche, si bien es una característica que ha dominado al hombre desde el principio, se acentúa en esta época, donde el más fuerte va a prevalecer sobre los más débiles, pero va a constituirse como una toma de conciencia para superarse a si mismo, como un medio para aliviar el dolor de la existencia como lo señaló Schopenhauer.

Si la idea de Dios pudo aliviar esta sensación de dolor continuo, para esta época contemporánea, aquella comienza a desaparecer, el racionalismo había generado una visión de un Dios ausente, de un Dios que no se interesa en las problemáticas humanas, un Dios que vino, creó el mundo, creó al hombre y lo puso en medio abandonándolo a su propio destino, esta es una imagen que vemos graficada en la escena final de la película 2001 Odisea en el espacio, donde aparece un monolito rígido frente al hombre en su lecho de muerte, pero que frente al cual el hombre evoluciona hacia un nuevo nivel de conciencia y conocimiento, el hombre se rebela ante ese Dios ausente, y es el propio hombre quien evoluciona a ese estado del que nos habló Nietzsche, de esa evolución hacia un niño, y es ese niño que aparece en un nuevo estado de conciencia, aquel niño que viene desde el espacio en el huevo aun, pero que viene con los ojos abiertos, representando aquel máximo nivel de evolución, de aquel niño creador de un mundo nuevo, de una nueva civilización pues nos trae el conocimiento supremo, despojado ya, de la influencia de un Dios, que la película nos presenta como un monolito que atravesó la historia del hombre, que se mostró rígido, inflexible, ausente.

 


Es en esta época contemporánea, donde el hombre se despoja de Dios, asesinándolo, donde parecía ingresar a una época dorada, una época propiciada por el avance de la ciencia, de la tecnología, del conocimiento en general, de un hombre empoderado de sus conquistas y sus avances, tendría que enfrentarse a uno de sus mayores desafíos, tendría que enfrentarse al siglo XX, siglo que va a significar el mayor desastre en la historia de la humanidad, y donde todos los ideales que el hombre ha construido van a ser completamente destruidos, el siglo XX que había comenzado auspicioso, se va a transformar en la pérdida de cualquier certeza, en la imposibilidad de anclarse a nuevos ideales desde donde volver a construir. El hombre en este siglo va a tener que enfrentarse a grandes revoluciones, grandes crisis económicas, sistemas totalitarios de gobiernos, a dos guerras mundiales, que dio como resultado la creación de armas nucleares que bien pudieron borrarnos de la faz de la tierra, durante la segunda mitad del siglo, el mundo se llenó de terror ante esta amenaza y ante el conflicto latente de dos superpotencias cuyo poder no tiene parangón en la historia del hombre, como lo fueron la Unión Soviética y los Estados Unidos. Ante semejante panorama el ser humano va a perder la fe en todo cuanto creía, si el racionalismo había sido exaltado hasta el nivel de una divinidad, esa imagen se quebró completamente ante la irracionalidad que significó el siglo XX, si el marxismo había llenado de esperanzas a los sectores más desposeídos que habían nacido con el auge de la Revolución Industrial, en el mismo siglo XX fracasó en toda su dimensión, el capitalismo por su parte, ha fracasado en su idea de plenitud y prosperidad para toda la humanidad, reduciéndose esta, solo a la prosperidad de unos pocos; y el cristianismo, también fracasó, no fue capaz de entregar y mantener los ideales de esperanza para un mundo absolutamente desesperanzado.

Se puede decir en estos tiempos que el capitalismo neoliberal se ha impuesto, lo que no quiere decir que no ha fracasado, las diferencias sociales se han acentuado, con lo que la sociedad se ha visto más convulsionada, al neoliberalismo le interesa un nihilismo pasivo, de esta manera puede manipular a la población como más le convenga, de esa manera llena nuestros deseos de cosas, cosas que ellos pretenden que vengan a dar satisfacción y sentido a nuestra vida, algo que ciertamente nunca ocurrirá, solo ha otorgado carencia de sentido a nuestras vidas y falta de metas de este hombre contemporáneo, el temor de Nietzsche se cumplió, no triunfo un nihilismo activo donde el hombre ante la perdida de Dios generaría una sociedad más virtuosa, triunfo el nihilismo pasivo tal como lo dejaría latente la sentencia de Heidegger y Foucault, el hombre se ha entregado a las conquista de las cosas y se ha olvidado de su yo, ante la perdida de Dios el hombre también ha muerto, muy lejos de encontrar un sentido de plenitud para su existencia, la pérdida de Dios y su muerte, trae consigo, como lo expresamos anteriormente la perdida de sentido de su existencia a través de la cual el hombre va a caer en la desesperación y en el vacío.

A pesar de lo que se ha expuesto, esta característica en la que ha entrado el hombre, no le ha dejado huérfano de dioses, muy por el contrario le ha llevado a adorar a nuevos dioses, aun la racionalidad ocupa ese lugar de dios, la tecnología, la ciencia, el dinero; el hombre ha matado a Dios, pero como en la antigüedad no se ha quedado sin dioses, y ha elevado a esa categoría a las cosas a las cuales se ha entregado, esta circunstancia como es de esperarse no tienen nada de nuevo, el hombre termina adorando a aquellas cosas que necesita, si en el pasado necesitaba que lloviera o saliera el sol, adoraba a la creación para que germinaran los campos y obtener de esa manera el alimento y el sustento para su sobrevivencia, en estos tiempos, que el hombre se ha volcado hacia las ciudades, ha adorado aquello que satisface las necesidades dentro de ella, principalmente el dinero, la imagen es la misma que se nos presenta en la antigüedad, el hombre terminó adorando a las creaciones antes que al creador, hoy el hombre ha terminado adorando sus propias creaciones, aquellos objetos que ha creado, el dinero que permite obtenerlos, perdiéndose en su camino y en los propósitos reales de su vida. El hombre contemporáneo que ha perdido la fe en todos las grandes valores, o como señala el posmodernismo en los grandes relatos que alguna vez interpretaron su realidad, como lo son el cristianismo, el racionalismo, el marxismo, o el capitalismo mismo, se ha entregado a una sociedad descreída, donde la pérdida de la fe caracteriza su actuar, esta sociedad destruida producto de dos guerras mundiales y el terror ante una hecatombe nuclear, dejo de lado las verdades absolutas, para volcarse a una infinidad de interpretaciones que puedan surgir, como cuantas personas existan, la verdad hoy ya no la interpreta un solo discurso, sino cientos de ellos, cada quien tiene su verdad y nadie la tiene a la vez, los homosexuales pueden tenerla, los ambientalistas pueden tenerla, las feministas pueden tenerla, si hubo un paradigma que guiara los destinos de la humanidad, eso hoy no existe, muchos paradigmas convergen a la vez, y ellos interpretan la realidad de quienes decidan seguir aquellas tendencias, ideologías, religión o simples pensamientos.

La muerte de Dios ha llevado al hombre por aquellos caminos que decidió construir, por la sociedad que nos ha parecido mejor, de acuerdo al derrumbe de los viejos valores y al nacimientos de nuevos paradigmas y a los nuevos valores adosados a ellos, y se ha perdido, se ha extraviado en esos caminos, el hombre ha buscado todas las formas para autogobernarse y en todas ha fallado, ha buscado todas las ideologías que den sentido a su existencia, y ha vuelto a fallar, hoy frente a una modernidad que se ha desbocado, genera infinidades de nuevas verdades en las que seguirá perdiéndose irremediablemente, es claro que hoy ante la destrucción de aquellos viejos valores, el hombre le ha dado valor a aquello que según la ley de Dios no es correcto, aquello que esta penado por su ley, pero claro, el hombre a matado a Dios, y por lo tanto a su ley también, hoy validamos el aborto como un derecho legítimo de la mujer, hoy validamos la diversidad sexual como un derecho a la autodeterminación de cada persona, hoy buscamos el placer por sobre cualquier valor que nuestra sociedad ya se ha encargado de destruir, adoramos a falsos ídolos que nos dan falsos placeres, por sobre una idea de trascendencia, nos hemos entregado al falso dios del dinero y el consumo, y a la adoración de un sistema que domina cada espacio de nuestra sociedad, ese capitalismo salvaje que incluso guía los sermones desde los púlpitos de una iglesia ramera, que se ha entregado tal como todo el mundo a su soberanía. Nuestra sociedad ha abandonado los sueños colectivos, y los ha abandonado por un individualismo absoluto, donde ya nos interesa lo que le ocurra al que esta a nuestro lado, a nuestro próximo, o prójimo, para un mejor entendimiento.

Al comprender que el hombre mató a Dios, podemos comprender de mejor manera la sociedad en la vivimos en la actualidad, un sociedad en la que, que tal como lo explicó Foucault, es el hombre quien termina muriendo, entregado a la conquista de los objetos y perdiéndose en medio de las estructuras que el hombre ha creado, generando una sociedad en la que podemos hacer una certera comparación con la antigüedad, en aquella antigüedad bíblica que nos describe el libro del Génesis, y que llevó la destrucción de aquella sociedad, el libro de Mateo nos dice :

“Más como en los días de Noé, así será la venida del hijo del hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:37-39)

En la antigüedad la separación del hombre de su creador le llevó por sus propios caminos al dejar de alimentarse del árbol de la vida y elegir el del conocimiento, el hombre en su orgullo eligió construir la sociedad que ellos estimaron que necesitaban y que finalmente llenó sus caminos de violencia, de corrupción, de inmoralidad hasta llevarlos a la destrucción, la característica, como se ha expuesto anteriormente, es la misma hoy, el hombre accede a un conocimiento al que en ninguna etapa de nuestra historia había alcanzado, y de la misma manera, es el propio hombre quién llega a la destrucción de lo que ha creado, en los momentos en que el hombre parece alcanzar el zenit de su civilización las ambiciones y la locura desatada ha llevado a destruir los logros alcanzados, el siglo XIX culminó con grandes logros artísticos, culturales, sociales, económicos y comenzando el siglo XX la Primera Guerra Mundial destruyó toda una civilización, que continuó con la Segunda Guerra Mundial; en la actualidad donde nuevamente hemos alcanzado grandes logros, y aun mayores en todos los aspectos, nuestro mundo esta nuevamente al borde de la autodestrucción, y siguiendo la lógica de la humanidad, así ha de ser, el mundo ha entrado en un proceso de descomposición de su sociedad que nos ha de llevar inevitablemente a su destrucción, a la ruina de esta sociedad sin Dios, abandonando los valores que se establecieron por la palabra de YHVH, si en la antigüedad el mundo pereció por el agua, esta vez, como lo describe su palabra, será por el fuego, y eso es algo absolutamente posible y comprensible en nuestros días, el apóstol Pedro bien lo señala:
  
“Por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos” (2 Pedro 3:6-7).

“En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada. Puesto que todas estas cosas han de ser desechas ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán desechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!” (2 Pedro 3:10-12)

La descripción que realiza el apóstol Pedro, es justo el temor de la humanidad en la actualidad donde la amenaza de una guerra nuclear se ha reactivado, y es el desenlace al que todos parecemos entender que es al que inevitablemente llegaremos. Como en otras etapas de la historia, la muerte de Dios a manos de los hombres, envanecidos en su soberbia, su orgullo y su vanidad, ha de llevarnos al resultado que ya conocemos, nuestra sociedad ya ha elegido el camino que desea seguir, y ese es claro, ha apostado por el aborto, la diversidad sexual, la búsqueda del placer, la adoración de falsos ídolos, la entrega al consumo y al capitalismo, como en los tiempos de Noé, así será la venida del hijo del hombre, y así exactamente es nuestra sociedad.

Las consecuencias de la muerte de Dios, son las que podemos ver ante nuestros ojos, su fruto es una sociedad en descomposición, que muy por el contrario está convencida que ha alcanzado el zenit de su civilización, por sus avances, por sus conquistas, por su evolución y su entendimiento social, pero como tal lo ha dejado de manifiesto la historia, y las propias escrituras, su fin es su destrucción. La visión de Nietzsche no se cumplió en su lado positivo, en aquella donde generaríamos una sociedad más virtuosa de acuerdo a lo que Zaratustra nos “enseñó”, no hubo un nacimiento de un niño que nos llevará hacia el nacimiento de una sociedad mejor, más evolucionada, más consciente; la visión de Nietzsche se cumplió en su lado negativo, la muerte de Dios trajo consigo la pérdida del sentido de la vida, y en ella hombre se ha extraviado y la muerte le ha alcanzado, siendo sus consecuencias inevitables la desesperación y el vacío, y en esas condiciones le ha correspondido enfrentar su última etapa en la historia.

Dios ha muerto, señaló Zaratustra, porque los hombres lo han matado…

A pesar que este era el último capítulo de este estudio, ha surgido una pregunta que debe ser contestada, ¿Que ocurre con los hijos de YHVH?, es una pregunta que merece una buena respuesta, por lo que pronto la contestaremos, mantente atento, hasta entonces…

Que la bendición de YHVH este sobre ti


Gabriel Elías.

____________________________________________________________________

1.- Larraín, Jorge, El concepto de Ideología. Vol.3, Santiago, LOM Editores, 2009, pag. 29
2.- Ibid.

jueves, 13 de abril de 2017

La más terrible profecía sobre Donald Trump se está cumpliendo.


Aquellas cartas del juego Iluminati de Steve Jackson, fueron editados en 1995, y han resultado verdaderamente asombrosas, el presente vídeo tomado del sitio de Youtube Zona de Investigación (ZDI), realmente vale la pena compartirlo, y deja en claro lo que muchos pensamos, que la elite ha decidido llevar al poder a un personaje que sirva a sus oscuros intereses, cosa que en estas semanas hemos visto cumplirse, sólo queda orar a YHVH para que no se desencadene una hecatombe que nos lleve al abismo, aunque siempre debemos considerar que cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención esta cerca. (Lucas 21:28)

lunes, 27 de marzo de 2017

¡ DIOS HA MUERTO ! ¿HA MUERTO DIOS? II PARTE


III PARTE
IV PARTE

El hombre en la búsqueda de un sentido de su existencia ha recorrido muchos caminos que lo han llevado por distintas visiones de una realidad o distintas ideologías para comprender y transformar su entorno en busca de un sentido de plenitud que le ha sido esquivo. El desarrollo de la sociedad en el momento histórico en que vivió Friedrich Nietzsche fue relativamente rápido, la historia había parecido paralizarse durante trece siglos que abarca el periodo histórico que conocemos como Edad Media, los avances en este período fueron muy pocos, debido al sometimiento del pensamiento hacia el cristianismo y hacia una Iglesia Católica que se erguía como la gran señora que dominaría este extenso período de la historia universal. La discusión que se había dado en la Edad Media entre fe y razón poco a poco comienzan a transformarse, a partir de San Agustín la razón había quedado sometida a la fe, y debíamos entender nuestro entorno a partir de ella, en el siglo XIII aparece en la historia Santo Tomas de Aquino, y su legado va a significar un cambio en el razonamiento que había dominado a la humanidad por mil años, a partir de Santo Tomas se le otorga cierta autonomía a la razón por sobre la fe, sin embargo no tenemos aún una plena ruptura entre teología y filosofía, esta última aún estaba sometida a la primera.

En el siglo XVII va a aparecer un hombre que comenzaría una definitiva revolución en el pensamiento humano. Rene Descartes a través de su razonamiento, descubre la subjetividad, al pensar y dudar de su realidad inicia un camino que a partir de entonces ya no se detendría y que se encargaría de transformar todo el devenir del ser humano. Descartes a través de su filosofía dejaba atrás toda una era, dominada por la fe por la sobre la razón, para dar la entrada hacia el humanismo desde donde el hombre saca a Dios de la centralidad y se coloca así mismo en ella, a partir de entonces es el hombre el centro y el protagonista de la historia, es a partir del hombre que ahora podemos entender todo lo que hay en el mundo, el hombre puede pensar y razonar, y es a partir del pensamiento que el hombre descubre el mundo que le rodea. Al descubrir la subjetividad Descartes da cuenta que no existe un solo pensamiento que explica todo y a través del cual tengamos que regirnos todos los hombres, “Pienso – dice Descartes- luego existo”, pero Descartes se planteaba a pesar de esta subjetividad, que el no podía dudar de la existencia de Dios, sin embargo ¿cómo explicaba su existencia?, desde el pensamiento Descartes sólo podía explicar la existencia de Dios desde la perspectiva que en él existía una idea de perfección,

“Después de esto, reflexionando sobre aquello de que dudaba, y que por consiguiente mi ser no era todo perfecto – pues yo veía claramente que es mayor perfección conocer que dudar -, traté de buscar de donde yo había aprendido a pensar en algo más perfecto que lo que era yo y conocí evidentemente que debía ser de alguna naturaleza que fuera efectivamente más perfecta”. (Discurso del Método, Rene Descartes)

Pero de ¿donde venia esa idea?, el se reconocía un ser imperfecto, si tenía esa concepción era porque un ser perfecto había colocado esa idea en él. A pesar de esta defensa que realiza Descartes sobre un ideal de Dios, con su descubrimiento esta idea también quedaba en entredicho, Descartes al descubrir la subjetividad abrió una puerta que ya no volvería a cerrarse.



El descubrimiento de Descartes va a extenderse y el racionalismo e iluminismo vienen a ocupar el lugar que en el medioevo le perteneció a la fe, grandes pensadores van a surgir, Rousseau, D’Alambert, Voltaire, Diderot, esta revolución en el pensamiento muy pronto dará a luz un hijo, la Revolución Francesa. Este en un momento de inflexión en la historia de la humanidad, la Revolución Francesa es la manifestación de que quien hace la historia ahora es el hombre, en la Edad Media el hombre común no se atrevió a cuestionar el orden que estaba establecido, Dios otorgaba el poder a los reyes y eso no se cuestionaba, pero la revolución que había iniciado Descartes lleva al hombre a tomar conciencia de su realidad y de su lugar y de esta manera toma por asalto el poder, despedazando la idea de que el rey poseía el poder por un derecho divino.

Con Descartes se produce la ruptura con el pensamiento medieval, y es el hombre  ahora quien pasa a protagonizar y hacer la historia; sin embargo no fue Descartes quien dio el paso definitivo hacia la transformación en el pensamiento, este paso se dio con el filosofo alemán Immanuel Kant, el gran cambio en la filosofía de Kant, es que ahora parte del sujeto, y es el sujeto quien le da forma a los objetos, es decir el hombre va a comprender su entorno y va a darle la forma que el entiende, es el hombre ahora quien establece una realidad entorno a su espacio y tiempo, a partir de la filosofía de Kant es el sujeto (hombre) quien construye al objeto y a su realidad, la que se construye ahora a partir del sujeto, la experiencia posible de Kant es que es el sujeto, el hombre, quien le da forma a las cosas.

Descartes tenía solo la certeza del yo, de su propia subjetividad, para entender todo lo demás, todo el entorno que le rodeaba acudía a Dios, las respuestas que no podían responderse a través de su razonamiento, que podía resultar incomprensible, que no podía conocer, lo podía comprender a través de Dios, aquel Dios que en esencia era bueno, no podía engañarlo y Descartes sólo podía confiar en Él.

Kant por su parte, da un paso más allá y decisivo en el desarrollo del pensamiento posterior, el hombre necesita conocer su entorno, necesita conocer las cosas que están afuera, de esta manera va a ser el hombre quien le da una forma a aquellas cosas que conoce, pero aquella forma es aquella que el hombre necesita, y en este ejercicio, a diferencia de Descartes, Kant no necesita de Dios, para Kant el hombre va a construir su mundo de acuerdo a lo que el conoce, es el hombre quien construye su mundo, esto es la experiencia posible, lo que puede crear con lo que conoce, aquello que no conoce a Kant no le interesa.

La subjetividad que había descubierto Descartes, en Kant genera una realidad y a partir de ella el hombre construye su mundo, el pensamiento medieval comienza a quedar muy lejos en el tiempo, y en Kant despega hacia la construcción de mundos propios de acuerdo a cada experiencia, de acuerdo a cada realidad, el hombre le da forma a su mundo, y como dijimos anteriormente lo que no puede conocer no le importa a Kant. El idealismo de Kant, va a ser criticado más adelante por el materialismo histórico de Marx, pero esa es otra historia


Para mediados del siglo XIX la fe en el Dios cristiano, considerando que en Dios se basaban todos los aspectos de la vida del hombre más allá del aspecto religioso como la política, la moral, la ciencia, entre otros, comienza a diluirse, el pensamiento racional y humanismo ha desplazado de los aspectos primordiales de la vida humana esa idea de Dios, el pensamiento de Nietzsche viene a dar cuenta por lo tanto de una situación que era palpable en aquel momento, Nietzsche por lo tanto en su razonamiento, de acuerdo a su contexto histórico, tenía razón, ¡Dios había muerto!, y había muerto porque el hombre lo había matado. El nacimiento del modernismo trajo consigo este concepto, la entrada al modernismo trae consigo la muerte de Dios, el hombre ha entrado ahora en una época de razonamiento y capacidades que en las épocas anteriores no había tenido acceso, por lo que ahora el hombre se desliga de la idea de Dios y toma el camino que él ha decidido seguir, la experiencia posible de la que habla Kant. Nietzsche ante una realidad innegable busca adelantarse antes que la sociedad que ha conocido caiga en el vacío ante la pérdida de los valores que el hombre había conocido y pierda de este modo el sentido de su existencia y de sus objetivos; es de esta manera que Nietzsche proclama el nacimiento de una nueva sociedad representada en esta imagen del niño que viene a construir algo nuevo y mejor, y elige a este profeta, llamado Zaratustra, que nos viene a enseñar estas nuevas verdades, sin embargo el hombre ante un mundo sin Dios se va a enfrentar a un mundo desesperanzado y desolado.

Esta última escena a la que el hombre deberá enfrentarse no tiene nada de nuevo, el hombre desde el principio de su existencia siempre ha buscado su camino, y aunque la búsqueda del conocimiento no es malo en sí, para el hombre esta búsqueda le ha llevado por caminos de dolor y desdicha, esta es una escena que ya encontramos en las escrituras, ellas ya nos habían hablado de esta condición, en el principio, en el libro de Génesis: 

“Y YHVH Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol del conocimiento del bien y del mal”. (Génesis 2:9)

El libro de Génesis en su segundo capítulo nos enseña que YHVH plantó un huerto en Edén, la palabra hebrea para HUERTO es GAN, cuyo significado es jardín o paraíso, de este huerto nace la idea de un paraíso terrenal, sin embargo esto toma mayor significado si entendemos el origen de esa palabra que proviene de GANAN, cuyo significado es cercar, proteger, amparar. YHVH hizo al hombre y lo puso en un lugar hermoso, un jardín o un paraíso donde tenía todo cuanto necesitaba, en este lugar el hombre iba a estar protegido, amparado, y al medio del huerto, como lo señala el capitulo 2 de génesis estaba el árbol de la vida, cuya imagen es la del Mesías, de quién mana la vida, y esa vida era la luz de los hombres, tal como lo señala Juan al inicio de su evangelio “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4).

El hombre debía alimentarse de todos los árboles, y del que estaba al centro del huerto, del árbol de la vida, mas de uno no podía comer:

“Y mandó YHVH Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. (Génesis 2:16-17).

“Ciertamente morirás” le dice YHVH al hombre, ¿es Dios quien ha muerto, o es el hombre el que murió?, las escrituras parecen dejarlo claro. La historia que nos relata Génesis es conocida por todos, el hombre come del árbol del que se le había prohibido, y rechaza el árbol de la vida que estaba al centro del huerto, al hacerlo el hombre elije su propio camino, rechaza el cobijo y el amparo de Dios, para seguir su propio camino, las escrituras nos enseñan que desde el principio el hombre había rechazado a Dios, y esta es la historia central de las escrituras la que ha quedado graficada de manera magistral en una gran parábola registrada en el evangelio de Lucas: 

“También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.  No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.  Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: !! Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! (Lucas 15:11-17)

La historia que nos relata el hijo prodigo, es la historia de la humanidad, que al abandonar el Edén ha vagado en busca de aquella plenitud que tuvo un día, pero que lejos de su creador no la encontrará, aunque vague por todos los rincones, aunque parezca haber encontrado la fórmula, aquella fracasará, el hombre se ha de enfrentar sólo ha desdichas y desventuras, soledad y vacío. El hombre se alejó de Dios, y fue en busca del conocimiento y en esa búsqueda ha vagado a través de las eras, lo que Zaratustra le predicó a los hombres al descender de la montaña no es una historia nueva, es una historia que se dio desde el principio de la creación, sin embargo esa historia encuentra su clímax en nuestra época, en esta época contemporánea, donde el hombre ha alcanzado los más grandes logros de su existencia, pero donde a la vez ha quedado prisionero de su racionalidad, y el siglo XX es su máxima manifestación, aquella racionalidad de la que tanto nos enorgullecemos nos dio como resultado Auschwitz, dos guerras mundiales, crisis económicas, explosiones atómicas, el racionalismo del que tanto nos hemos jactado nos ha mantenido al borde del abismo, en un peligro que lejos de menguar ha ido en aumento.


Si el hombre decide prescindir de Dios, buscará nuevos dioses a quienes adorar, no se quedará huérfano de divinidades, en la antigüedad, su exilio del Edén no se significó que abandonara las divinidades, el hombre se buscó a nuevos dioses a quienes adorar, y los adoró de acuerdo a sus necesidades, para una buena cosecha, para la prosperidad, para su seguridad ante los enemigos que amenazaban sus territorios, para la oscuridad, para la fertilidad, en fin, cantidad de dioses, para cuantas necesidades hubiesen.

El hombre ya había asesinado a Dios, aunque sin saberlo, era el hombre quien realmente había muerto.

Continuaremos con la tercera y última parte, hasta entonces…

Que la bendición de YHVH esté sobre vosotros…



Gabriel Elías. 

sábado, 11 de marzo de 2017

EL ANTI-NATALISMO, LA DECISIÓN DE NO REPRODUCIRSE




De pronto me he encontrado con una tendencia, que si bien, he escuchado muchos fundamentos al respecto, me ha resultado sorprendente, y eso en un mundo como el actual es bastante decir. De inmediato recordé una gran película del año 2006 llamada “Hijos de los hombres”, que nos presenta un mundo en caos, terrorismo, guerras y desordenes sociales que por cierto, bastante tiene que ver con nuestra actual realidad, pero que donde en 18 años no han existido nuevos nacimientos, las películas en la mayoría de los casos nos parecen tan sólo una ficción, pero bien sabemos que en muchas oportunidades la ficción supera a la realidad. Hijos de los hombres nos presenta un mundo en caos, en el que finalmente nace un niño pero que debe ser resguardado embarcándose junto a su madre en un bote para escapar de Londres, sobre aguas que otorgan inestabilidad y falta de seguridad en el futuro, el nacimiento de un niño siempre es sinónimo de nuevas esperanzas, pues a pesar del caótico mundo en el que ha nacido, la esperanza siempre está latente. Al mirar el presente video y de acuerdo a las condiciones del mundo que se nos presenta hoy, nos parece absolutamente racional hablar sobre la inconveniencia de traer nuevos seres humanos para experimentar el sufrimiento que este mundo ha de ofrecerles, pues el futuro hoy se ve demasiado oscuro como para continuar sobre poblando un planeta que está con graves problemas sociales, económicos, políticos, de salubridad y alimentación, pero independiente de adherirse a alguna corriente social o filosófica, lo principal que es importante resaltar es que esto ocurre, como todo lo que está ocurriendo ante nuestros ojos, para que se cumpla la palabra de Dios, en el evangelio de Lucas, Jesús en su camino a su crucifixión señala refiriéndose a un tiempo futuro: 

"Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloren por mi, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.
Porque he aquí vendrán días en que dirán: bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron.
Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos" (Lucas 23:28-30).

Es asombroso ver todos los acontecimientos a diario y percatarnos que el panorama final está comenzando a tomar forma, nuestro mundo ya está maduro, y las condiciones listas para que la ira de Dios caiga sobre un mundo que ha rechazado a su creador, y que ha fracasado en todos los sistemas de gobierno que el hombre ha intentado, dejando a un mundo en caos y en proceso de descomposición, que es exactamente en el cual nos encontramos, la idea de no traer más niños al mundo es una idea que ya había escuchado de boca de muchas personas, lo que me ha asombrado es que existe un postura filosófica al respecto, eso es lo nuevo para mí, pero mi sorpresa crece aún más al comprobar que la palabra de Dios comienza a cumplirse en todos los aspectos, en este caso una postura como esta parece incluso esta sensata, ciertamente a todos nos da temor traer nuevos niños a un mundo que se está cayendo a pedazos, a pesar que un nuevo nacimiento pueda significar una nueva esperanza, en este caso, las propias palabras de nuestro Mesías dejan cuenta que al mundo le quedan muy pocas esperanzas, pero que para los hijos de Dios significan las más anheladas esperanzas y las señales inequívoca de su venida…


“Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”. (Lucas 21:28)

¿QUE TIENE QUE VER LAS IGLESIAS CONTEMPORÁNEAS CON LO QUE NOS ENSEÑA LA BIBLIA?



¿Es correcto el mensaje que entregan las iglesias actuales? Esta es una pregunta que para estos tiempo resulta muy recurrente y muy importante ¿Algo tienen que ver estas iglesias contemporáneas con lo que nos enseña la Biblia?

El siglo XX fue un siglo que se encargó de destruir todos los grandes ideales a través de los que el hombre buscaba un estado de plenitud para su existencia, el racionalismo, el marxismo, el capitalismo, y también el cristianismo, el hombre ante la barbarie que experimentó durante el pasado siglo perdió la fe en la ciencia, en la razón, en la religión y se vuelve un hombre principalmente descreído y despreocupado, destrozando los grandes ideales y reemplazándolos por un infinidad de discursos que interpretan realidades más individuales que colectivas, las iglesias como los diversos movimientos contemporáneos solo se han adecuado a los nuevos ideales que han nacido.

A pesar de ello, al finalizar el siglo XX hubo un discurso que resultó ganador, el Capitalismo, y el cristianismo protestante y sus iglesias poseen su espíritu. Las iglesias actuales no son otra cosa que representantes del discurso dominante, del discurso que ha triunfado en el mundo, las iglesias se han constituido en sus voceras, el pensamiento neoliberal pasó a dominar toda reflexión de nuestra época, las iglesias no escaparon al pensamiento dominante, el capitalismo vende más que un producto, vende un estilo de vida, de esta manera sus seguidores vivirán una vida vacía, basada principalmente en el consumo.

Como todo discurso dominante a través de la historia, la religión juega un papel fundamental en la dominación de las masas, nos vemos inundados de voceros que dicen ser apóstoles y profetas de Dios, ese es un engaño, uno de los mayores engaños de nuestra sociedad y en la que se ve atrapadas muchas personas necesitadas en su buscada de consuelo para sus espíritus, aquellos que se hacen llamar profetas, no son más que voceros y mensajeros del discurso dominante, del capitalismo neoliberal.

El mundo, como la iglesia, ya no están constituidos ni por ciudadanos ni por fieles, sino que por consumidores, así se satisface el sistema que domina al mundo, es lamentable que la gran mayoría de fieles, incautos fieles, seguirán siendo engañados por lobos rapaces que no tendrán misericordia, sin embargo esto es para que se cumplan las escrituras.

Recuerda, las iglesias actuales nada tienen que ver con lo que nos enseña la Biblia, abre tus ojos y no te dejes engañar…!!!

"Ciertamente vienen días, dice YHVH, el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de YHVH. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente andarán buscando palabra de YHVH, y no la hallarán". (Amos 8:11-12)

viernes, 16 de diciembre de 2016

¡DIOS HA MUERTO! ¿ HA MUERTO DIOS?, PRIMERA PARTE


II PARTE
III PARTE
IV PARTE

En el siguiente estudio analizaremos el pensamiento de Friedrich Nietzsche, filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores más influyentes del siglo XIX, su filosofía ha sido fundamental para comprender el mundo contemporáneo, a través de ella ha venido a dar forma a nuestro tiempo, años más adelante otro filósofo alemán también haría lo suyo, Martín Heidegger, pero en esta oportunidad nos ocuparemos del pensamiento del primero. A Nietzsche le corresponde vivir en época que se encontraba en pleno proceso de transformaciones, una sociedad que habría sus ojos hacia nuevos descubrimientos, nuevos saberes, una sociedad que la industrialización la había introducido hacia nuevos paradigmas, alejados definitivamente de aquel antiguo régimen gobernado por la religión, principalmente por la Iglesia Católica, Nietzsche aparece en este escenario para romper radicalmente con el pensamiento que le había precedido. Como veremos a través del estudio, la idea de la muerte de Dios, aunque parece revolucionaria, no es exclusiva de nuestra época, esta idea ha sido una constante a través de la historia, aunque hasta este momento no había sido expuesta tan explícitamente, en nuestra época se ha expresado de una manera que no había tenido similitud en las eras pasadas, principalmente debido al inmenso avance que ha experimentado nuestra sociedad en la actualidad y a las características de ella.


Este estudio estará divido en tres partes, donde entenderemos los alcances de esta idea, como ha influido la “muerte de Dios” en nuestra sociedad, como nos afecta actualmente, y cuales son las consecuencias de la muerte de Dios en nuestra sociedad. Comenzaremos analizando las ideas que Nietzsche plasmó en su obra de 1885, “Así habló Zaratustra”, Comencemos:


Zaratustra había bajado de las montañas y se encuentra con un santo en el bosque, ¿Y qué hace el santo en el bosque?, preguntó Zaratustra. El santo respondió: Hago canciones y las canto; y al hacerlas, río, lloro y gruño: así alabo a Dios…1

Mas cuando Zaratustra estuvo solo, habló así a su corazón: “¡Será posible! ¡Este viejo santo en su bosque no ha oído todavía de que Dios ha muerto!”2

Este es un extracto del primer discurso de “Así habló Zaratustra”, libro que Friedrich Nietzsche escribió entre 1883 y 1885, en el plantea sus ideas a través de un profeta llamado Zaratustra, quien baja de las montañas para llevar a los hombres la noticia que Dios ha Muerto. Zaratustra predica que el hombre debe aceptar esta idea, a través de la muerte de Dios el hombre debe superarse a si mismo, al aceptar la muerte de Dios el hombre debe dar un paso mayor en su crecimiento hacia el nacimiento del Superhombre, la transformación del hombre, decía Zaratustra, nace a partir de la muerte de Dios. Nietzsche plantea en su obra que esta transformación que debía experimentar el hombre debía producirse en tres etapas,

“Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin en niño”3

Esta analogía resulta muy interesante, en ella el camello es ese espíritu que lleva mucha carga encima, “cosas pesadas para el espíritu”, el camello corre al desierto con su carga, y en la “soledad del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como conquista una presa y ser señor en su propio desierto”.

Nietzsche plantea el gran conflicto del ser humano, la lucha en la transformación que propone se enfrenta a un gran dragón, y ese dragón se llama “Tú debes”, ese dragón representa a todos los valores de una sociedad cristiana que están intrínsecos en cada uno de los hombres, pero el espíritu del león se enfrenta a ese gran dragón, y su espíritu dice: “Yo quiero

En otro tiempo el espíritu amó el “Tú debes” como una cosa más santa: ahora tiene que encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de su amor: pare ese robo se precisa el león.
Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?
Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.
Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.4


Así habló Zaratustra se transformó el libro más popular de Friedrich Nietzsche, y su pensamiento va a tener un influencia fundamental en el devenir histórico que se desarrollaría a partir de ese momento, Nietzsche realiza una crítica a la cultura occidental y a todos los valores que le representan, el mundo está entrando en una nueva época, en una época que va a recibir toda la influencia del filosofo alemán, pero  del que Nietzsche no será testigo, va a morir un 25 de agosto de 1900, Nietzsche solo alcanzó a asomarse al siglo XX, sin embargo su obra dejaría una huella que hasta nuestros días se siente.

La critica a la sociedad occidental en su obra “Así habló Zaratustra”, esta graficada en la figura del camello, el camello lleva todas las cargas que el amo quiere colocarle sobre su lomo, el camello incluso se arrodilla ante él para que le coloque aún más carga, el camello representa esa obediencia ciega, la humillación del hombre ante su amo, la resignación ante la imposición de valores morales y ante la religión, el camello es la expresión representativa de la esclavitud, su característica es el “Tú debes”, que Nietzsche asocia principalmente a la sociedad cristiana, aunque también la asocia a la socialista. El león significa esa lucha por la libertad y la conquista del “Yo quiero”, el león es el destructor de esa sociedad y de los cimientos de la cultura occidental, rompe con aquellos viejos valores que caracterizaron al camello, el león en la filosofía de Nietzsche representa a un hombre superior, aquel que rechaza los valores tradicionales que le ha legado la moral y la religión, es aquel que logra cierta autonomía, es aquel que busca la superación y que trae consigo la voluntad de poder, la voluntad y afirmación de más vida, pues lo que tiene vida traerá abundancia y crecimiento, la voluntad de poder se va manifestar en aquel que se impone sobre el otro y triunfa, y crece y abarca más espacio, el león es aquel que grita que Dios ha muerto, es la preparación para una nueva transformación del espíritu del hombre, esta vez hacia el Superhombre.

¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?5 Se pregunta Nietzsche a través de su Alter Ego Zaratustra, el niño es la transformación definitiva, simboliza un nuevo comienzo, una nueva creación, es el nacimiento del Superhombre, el león había destruido un sistema que le oprimía y lo esclavizaba, pero no había creado nada, el niño representa la libertad verdadera, creador natural y libre de prejuicios, de esta manera será el creador de un nuevo sistema de valores a partir de la inocencia, de sus juegos, de su alegría y su libertad plena, aquel hombre que se rebelaba a su mundo  “el retirado del mundo” como señala Zaratustra “conquista ahora su mundo”, el Superhombre, va a decir Zaratustra, es el sentido de la tierra.




La conquista de una concepción racional le entrega al hombre una nueva dimensión, aquella edad dominada por los preceptos católicos cristianos quedaban en el pasado, y el hombre se habría camino hacia una nueva época, una época de nuevos saberes, de nuevos razonamientos, y este profeta persa venia de las montañas para mostrarle a los hombres una nueva y absoluta verdad, el de su trascendencia, de su transformación a un nuevo nivel de conocimiento, baja de las montañas para enseñarles a los hombres que ¡ Dios ha Muerto !  

La genialidad de Nietzsche es que a pesar de no haber vivido en el siglo XX, fue capaz de describir la condición que iba dominar nuestro tiempo, condición que se traslada hasta el presente siglo XXI. Nietzsche nos plantea y nos deja de manifiesto las grandes problemáticas que iban a dominar el devenir del hombre contemporáneo.

La gran pregunta es ¿cual dios ha muerto?, ¿Es la muerte del Dios cristiano?, ¿Aquel dios que estaba representado en una corrompida iglesia asentada en Roma y que parecía ya no tener cabida en un mundo nuevo que nacía al son de la ciencia, la tecnología y el racionalismo?, si, para Nietzsche ante el derrumbe de los valores morales el hombre debe enfrentarse a una nueva realidad, aquellas viejas creencias han quedado en el pasado, representan a un Dios que no encarna la modernidad en la que se ha introducido el hombre, por lo tanto el hombre debe superar esta idea, y debe dirigirse hacia el nacimiento del Superhombre, como el nacimiento de un niño que representa a un nuevo ser humano conocedor de sus atributos y de sus capacidades.

Para Nietzsche nuestra cultura es nihilista (nihil = nada) porque hemos generado una realidad absoluta de algo inexistente, en la figura de un Dios, que a luz de los avances del humanismo no existe, la creencia en un Dios para los humanistas y racionalistas significa el desprecio hacia la realidad verdadera, aquella realidad que ofrece los sentidos, y que de acuerdo a la visión del hombre contemporáneo, es la única realidad que existe, el hombre por lo tanto, en su orgullo habría creado a Dios a su imagen y semejanza.

El nihilismo activo nietzscheano, o nihilismo positivo propone la destrucción completa de todos los valores, los valores de una cultura cristiana que no hizo más que traer opresión e ignorancia a los hombres y una vez destruidos propone la sustitución por otros valores radicalmente nuevos, ahí esta la figura del León y del niño, el primero destruye el segundo construye una nueva cultura, una nueva moral y un nuevo hombre, un hombre superior, el Superhombre.

Por otro lado en un nihilismo negativo o pasivo el hombre ante la perdida de Dios pierde a su vez el sentido de su existencia, pierde sus objetivos, en el momento histórico en el que Nietzsche vivió, surgen todas las problemáticas que el auge del capitalismo y la revolución industrial traerán para el hombre, los problemas sociales, la búsqueda del sustento en las fábricas que van a entregar al hombre desolación y  desesperanza, todos los conflictos sociales que nacen junto a la revolución industrial desembocarán más adelante en revoluciones ante el descontento en se ha sumergido el hombre, la visión marxista no va a estallar sin embargo en un país industrializado como Alemania o Inglaterra, va estallar en la Rusia Zarista. La Revolución Rusa va a significar el mejor ejemplo de la búsqueda del hombre por alcanzar un nivel de plenitud para su existencia, y en el mejor ejemplo de su desplome, la muerte de Dios trae consigo la perdida de sentido a través de la cual el hombre va a caer en la desesperación y en el vacío.

A través de la critica a la sociedad occidental, Nietzsche intenta llevar al hombre a un nivel superior en la transformación espiritual del hombre, Nietzsche pretendía anticiparse al derrumbe de una civilización que venía corrompiéndose y evitar de esa manera que un nihilismo pasivo domine el quehacer del hombre contemporáneo, el hombre se enfrentaba a esta amenaza y podría dirigirse inevitablemente a esta característica si su transformación espiritual no se producía.

El hombre sin embargo mata a Dios, y las consecuencias de su muerte se van a manifestar en toda su expresión en el siglo que Nietzsche no alcanzaría a conocer, el siglo XX.

Continuaremos con el análisis y que tiene que decir la palabra de YVHV al respecto. 


Gabriel Elias. 

_______________________________________________

1. Nietzsche, Friedrich, Asi habló Zaratustra, versión digital, Pág.6
2. Ibid
3. Ibid. Pág.15
4. Ibid. Pág.16
5. Ibid.